Lo nuestro terminó en un grito.
Y no era de sorprenderse puesto que todo lo que tenía que ver con el Dr. Viel, en este momento apenas el joven Günter Viel, pasante de medicina, hoy en día una eminencia en cardiología, todo lo que giraba entorno al Dr. Viel en esa época – cuando era todavía mi novio y no un viudo de 59 años- eran alaridos pulmonares y agudas quejas.
Al joven Günter se le había metido en la cabeza revolucionar la medicina, razón por la cual me tenía tan abandona y poco contenta, le había dado por enfrascarse en un estudio preciso de los gritos de pacientes del hospital general como forma de evaluar tanto la proveniencia del dolor como el grado de sufrimiento del mismo.
Sobra decir que el único logro del estudio fue atraer miradas suspicaces de sus colegas y luego un descarte total de semejante escala de medición. Como colateral, hubo también una fuerte afectación del oído derecho del Dr. Viel que nunca le permitió recuperar por completo su capacidad de audición.
En cuanto a nosotros, dicho estudio me permitió ahorrarme el molesto discurso de enumeración de faltas y razones por las cuales debíamos separarnos. Apenas verlo entrar, con su bata blanca y su franja caída sobre los anteojos, sentía crecer en mi interior una desesperación palpable hacia este novio mío: opté por un grito franco y abierto que él entendió de inmediato. Así fue como, en el más profundo silencio, el joven Günter, hoy doctor y eminencia, empacó sus cosas y desapareció para siempre de mi departamento y de mi existencia.
Fuentes: este cuento fue inspirado en buena parte por un texto leído en la revista Letras Libres dedicada al tema de Médicos y Pacientes que pueden consultar en su hemeroteca: http://www.letraslibres.com/index.php?art=14466
La foto es de Deviant Art de una fotógrafa llamada Jasmina y pueden ver su trabajo aquí

1 comentarios:
Amor, me da mucho gusto leerte después de tanto tiempo de silencio visual... Te amo!
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