domingo 31 de enero de 2010

Ánimas

Fuimos dioses un centenar de años. Todo lo podíamos y todo fue hecho a nuestra semejanza. Todo lo teníamos antes de perderlo, de la manera más tonta, en una partida de dados contra la Alianza de Civiles, estos humanos que con sus dudas y sus ciencias habían aguijoneado nuestra soberbia; y porque habían herido nuestros orgullos habíamos decidido darles una lección.

Aceptamos sus reglas sin preguntar más, convencidos de vencer porque así había sido desde el principio de los tiempos. No había manera de que el mejor de sus jugadores, un niñato que no pasaba de los quince, pudiera vencer a Merkam, nuestro hermano más versado en cada una de las artes del conocimiento.

Tendríamos que haber escuchado a Serta, pero sus discursos sobre el peso del azar y el destino nos tenían cansados. Ella se rió cuando cayó el último dado. En la misma ceguera del más viejo de los dioses, en su dogma de invencible, habían hallado nuestra debilidad y la usaron para obligarnos a apostar nuestra inmortalidad, para perdernos.

Así fuimos desterrados al Panteón de la Historia, por una apuesta malograda, nosotros que habíamos sido dioses y éramos ahora fantasmas.

3 comentarios:

Alberto Valdés dijo...

Amor, debo decirte un par de cosas:
1.- Me fascina que de nuevo abras este cajón que permaneció cerrado mucho tiempo...

2.- Te pido de favor que no ventiles mis anécdotas; creo que los exiliados siguen resentidos conmigo y me gustaría permanecer un par de milenios más en el anonimato... ja ja ja

Te amo!

Bianca Monroy dijo...

Qué alegría volverte a leer! :)
Abrazo congelado.
Biank

Maus! dijo...

sigues escribiendo aqui!!! yuju!

jaja con el comentario de etoh!

por cierto, la palabra que me toco escribir para verificar que no soy una máquina es: "lascas" (????)